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La casa de la calle allende, más allá de la leyenda urbana.

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La casa de la calle Allende y Guillermo Prieto es un punto importante a destacar, pasar por esa zona es todo un evento pues las leyendas urbanas que se cuentan de ese lugar son únicas. La mayoría surgió en la década de 1970 y desde entonces se han generado muchas más, en mayo de 2018 aquella casa es demolida y con ella se llevó la historia que quedo entre escombros.

La investigación de esta historia empezó en 2004, y la conocí siendo un niño, me la contaba una maestra particular que todavía vive en su antigua casa en el centro, ella es sobrina nieta de Elena Talamantes Pedrín, de quien contaremos a continuación.

El 30 de julio de 1945, la señora Manuelita Ibarra de Amaya, le había prestado su hija, María Elena, a Elena Talamantes Pedrin porque ese día se iba a hacer una caguamada en la casa número 176, de la calle Allende y Guillermo Prieto, Maria Elena y Elena estaban partiendo la verdura para el caldo y Elena Talamantes le dijo que se iba a bañar de una vez, para que las personas que fueran no estuvieran esperando.

Elena se fue al baño, que estaba en la parte exterior de la casa. María Elena, se dio cuenta de que su amiga se estaba tardando mucho en el baño y decidió ir a buscarla, encontrándola colgada en el baño. Yolanda, quien me contó esta historia recuerda que por ese entonces ella iba en tercer año de primaria, y que el hijo de Elena, a quien le decían el ¨Sopladito¨ por que era muy gordito, se fue junto con ella y su hermano a su casa, pidiéndole a la abuela de Yolanda que los dejara ir a su casa, la abuela quien era muy estricta le dijo que no, por lo que aquel niño se fue solo a su casa.

Como a los cuarenta minutos, el niño, hijo de la señora Elena regresó a la casa de ella diciendo que su mamá se había ahorcado, el tío de Yolanda lo acompaño de regresó y todo aquello se convirtió en un caos de grandes proporciones. El esposo de Elena, Enrique Cota Valadez, quien era militar fue una de las personas más afectadas por aquello, en el acta número 173 se puede leer su acta de defunción en donde se puede corroborar este asunto.

La casa fue vendida en la década de 1960 y fue rentada en varias ocasiones, hasta que en 1973, la rentó la señora America Castro Valdez, ella se fue a vivir a la antigua residencia junto con su abuela y desconocían el asunto, lo poco que vieron era que se abrían y cerraban las puertas, a veces la llave de la estufa aparecia abierta y los cuadros se caían de la pared.

En 1991 un grupo de cinco estudiantes, de la preparatoria CBTIS 230, se mudaron a La Paz desde Cd. Constitución, pues estudiarían su último semestre y la universidad en la ciudad; por un largo periodo de tiempo los padres de estos estuvieron investigando un lugar que pudieran rentar a un bajo costo, fue así que llego a sus oídos sobre cierta casa que se encontraba sobre la calle Ignacio Allende en una ubicación excelente en donde podrían estar cerca de varios puntos que consideraban importantes, la casa estaba en perfecto estado y la renta era una ganga que no podían desaprovechar y como cooperarían entre todos los padres la renta era casi absurda.

Conforme fueron pasando los días adecuaron la casa a su gusto cambiaron cortinajes, el acomodo de los muebles y pintaron algunas paredes que consideraban gastadas, pusieron una alfombra en aquel piso de flores color salmón y cada quien escogió su habitación, el grupo estaba contento con el cambio favorable que esto les conllevó pues una ciudad nueva haría que de seguro se sentirían más tranquilos; las cosas extrañas en aquella céntrica residencia de la ciudad de La Paz comenzaron cuando un trabajador de teléfono llego a instalar el servicio, mientras los jóvenes hacían sus tareas escucharon que aquel señor les toco la puerta tan fuerte que más de uno dio un brinco del susto, él les comentó que había una mujer en el baño que lo miraba fijamente pero que parecía muerta con los ojos en negro y muy pálida, pero no encontraron nada.

Lo tomaron a juego y nadie habló de aquel asunto, sin embargo días después una de las compañeras cumplió años y la llevaron a celebrar a un restaurante cercano al llegar, según narran, se dieron cuenta que la cámara se había olvidado y una de ellas de nombre Alma regresó a la casa, tomó la cámara y aprovecho para entrar al baño apenas se asomaban los destellos de la luz de la luna y los grillos inundaban la casa con su singular ruido cuando de manera sorpresiva vio que desde el cancel del baño se asomaba una mujer, sus facciones casi esqueléticas contrastaban con sus ojos negros y su piel blanca pálida, de su boca salía una larga lengua que llegaba hasta su pecho. Aquella aparición se acercaba a ella cada vez más hasta que Alma salió corriendo sin ni siquiera mirar atrás.

La señora Sarah Vazquez quien vivía sobre la calle Bravo, contó durante la transmisión de la radio de Sudcalifornia que una joven llegó corriendo a su casa y antes de que ella saliera vio que cayó desplomada en la banqueta de la casa aledaña, ubicada en la esquina de Bravo y Guillermo Prieto en donde vivía un señor de apellido Cota. Fueron muchos los curiosos que se acercaron al lugar y cuando por fin Alma contó lo sucedido, ella decidió regresar al Valle y sus otras compañeras quedaron en la casa, pero la abandonaron al poco tiempo.

Las anécdotas de aquel lugar son muchas, y todas empiezan con la historia de Elena Talamantes Pedrín, nunca supieron por que lo hizo, muchas familias se vieron involucradas pero sin la mayor atención. El señor Gerardo Chiw de León, que en paz descanse dueño de la tienda, Viva La Paz, ubicada en la calle 16 de septiembre y Esquerro, me mostró su confianza durante algunos años, se intereso en la publicación de los libros y los puso a la venta en su tienda, por las tardes que lo visitaba me platicaba diversas anécdotas de la casa tapeada, decía que había un pozo poco profundo, que tuvo tres recamaras y un cuartito para bodega y que él en lo personal nunca vio nada ahí, yo no sabía siquiera que él era el dueño, hasta que me lo dijo después de leer uno de mis libros.

Así termina la casa de la calle Allende, existen muchas versiones, pero siempre es bueno investigar si existen testigos y durante nuestra investigación nos encontramos con dos, incluso su hijo que vive en el municipio de Mulegé.

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