lun. Dic 17th, 2018

Por: Gamaliel Valle Hamburgo

Durante junio de 1912 el Presidente Municipal del Ayuntamiento de El Triunfo Sr. A.S. Talamantes, solicito al Jefe Político del Distrito sur, la aprobación para la compra e instalación de un reloj público que seria instalado en la torre de la casa municipal de el pueblo. En la sesión del 12 de junio de 1912 los trabajadores y un pequeño grupo de ciudadanos aprobaron el costo del reloj, que seria encargado a la joyería La Esmeralda de la ciudad de Mexico, esta joyería era la más importante del país y había sido inaugurada por el ya finado Porfirio Diaz. La Esmeralda Hauser-Zivy era la joyería más exclusiva de México y toda la clase alta la visitaba, por lo que las familias acaudalas de El Triunfo influyeron mucho en la decisión de su compra.

El costo total del reloj era de $1,545.00, ya instalado en la torre de cuatro metros de altura y funcionando, pero la pura maquinaria tenia un costo de $950.00 pesos y la construcción de la torre para su correcta colocación seria de $595.00, parte del gasto seria cubierto en mensualidades de $50.00 durante un periodo determinado de tiempo y el resto seria cubierto por suscripción popular.

Una semana más tarde el Jefe Político interino Santiago Diez, convocó a una reunión en el H. Ayuntamiento en donde aceptaron el presupuesto para la compra de el reloj, no obstante en diciembre de ese mismo año el Presidente Municipal del Ayuntamiento de El Triunfo solicitó una autorización por la cantidad de $275.00, ya que el presupuesto se había excedido. Las obras culminaron y con pompa y esplendor se inauguro el reloj dando inicio a una época de cambios en el mineral.

En aquellas tardes nostálgicas, rodeadas de una ligera niebla, mientras las mujeres esperaban a sus maridos sentadas en una poltrona de crochet, limpiándose el vestido lleno de hollín y observando los espléndidos crepúsculos, los engranes del reloj público se preparaban para indicar la hora en punto, el sonido que emanaba del reloj público creaba un eco que podía ser escuchado en todos los rincones de El Triunfo e indicaba la salida de los trabajadores, quienes pasaban el resto del día con sus innumerables familias escuchando la música de piano en aquella época rica de matices y notas. Un día el reloj dejó de funcionar y el sonido solo quedo latente en la memoria de unos pocos.

Conoce más en el libro ‘Crónicas y leyendas de El Triunfo’. 

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