mar. Jun 25th, 2019

El día que se estrelló un avión de aeroméxico en La Paz

Por Cuauhtémoc Morgan

La mañana era clara, apenas las ocho y el calor se dejaba sentir a todo lo que daba. Hugo Lara Núñez realizaba su rutina de todos los días que era despachar la carga de los aviones de Aeronaves de México.
«Echamos en el compartimento el tope máximo que eran 600 kilos, la mayoría el equipaje y películas de cine que serían retornadas a Mazatlán», dice nuestro entrevistado que accedió a platicar con nosotros de ese pasaje de su vida que ya quería dar por olvidado.

Uno a uno fueron subiendo los 24 pasajeros, unos iban a Mazatlán y otros más, la mayoría, con destino a la ciudad de México punto final de la ruta del avión DC -3 bimotor. Era el martes 12 de junio de 1967. El lugar, el aeropuerto internacional Manuel Márquez de León de la ciudad de La Paz, ubicado en la zona que conocemos hoy como ex base aérea y que ahora alberga al palacio municipal, instalaciones deportivas y un centro comercial.

«Todo fue normal, no observé nada diferente ese día, despaché la carga y me retiré a mi casa a descansar pues en la tarde había que despachar otros vuelos», continúa Hugo Lara. «Es más, cuando me fui, ni siquiera despegaba el avión pero así lo acostumbraba a pesar de que el gerente de Aeroméxico, un español de nombre Emilio Alcedo, era una persona muy exigente».

El despachador recuerda que ya estaba en su casa donde hoy están las calles Padre Kino y Reforma, cuando un sonido estridente y fuera de lo normal lo hizo salir al frente. A la distancia observó como caía el avión de Aeronaves de México.

«Eso fue cerca de mi casa. Escuché un ruido muy fuerte y luego una gran nube de polvo, pero gigantesca, no lo podía creer».

Lo que ocurría es que la pesada aeronave DC-3 ya había reportado una falla en sus motores poco después de despegar e intentaba hacer un viraje para retornar al aeropuerto, pero no lo logró.

Cayó en una zona semi despoblada donde hoy están las calles de Independencia y México, atrás de la Escuela Secundaria Técnica No. 1 que en ese tiempo no existía. Pero si a escasos metros de la escuela Raúl A. Carrillo.

Ahí estudiaba quien ahora es comandante de bomberos de La Paz, Raúl Sánchez Castro. Nos platica que todos los niños observaron como pasó el avión rozando el techo de la escuela y todos se asustaron. Luego del impacto, muchos corrieron movidos por la curiosidad al sitio de la tragedia.

Pero retomamos el relato de Hugo Lara: «Llegué en menos de un minuto al lugar del accidente y para mi sorpresa se trataba del avión que acabada de despachar. En el sitio reinaba el caos y el polvo que no cesaba lo inundaba todo, pero no había fuego».

Como Empleado de Trabajos Generales (ETG) de la empresa, sabía como abrir las puertas de la aeronave. Eso lo intentó hacer pero estaba trabada. Escuchó los gritos de desesperación de los pasajeros que intentaban salir y uno de los vecinos le comentó: «¡Ahorita vengo, voy por algo!».

Dice que regresó con un hacha con el que golpeó la puerta y se destrabó el seguro, pero alguien de adentro la empujó hacia afuera y se pudo abrir por fin. Se trataba del conocido comerciante Carlos Cota conocido cariñosamente como «Chalito» y propietario de la bien acreditada tienda ferretera Casa Cota.

Evocando la capacitación en emergencias, Hugo Lara y los espontáneos que llegaron, ayudaron a desalojar en cuestión de minutos la aeronave. «Teníamos miedo que explotara porque se apreciaba algún fuego por ahi y recuerdo que el avión iba lleno de combustible para la larga travesía», narra.

Los 24 pasajeros, entre los que estaban varios niños, fueron rescatados sanos y salvos. Las heridas leves que se ocasionaron fue porque todos querían salir a la vez y algunos se rasparon con los restos del aluminio doblado por los hachazos, pero en general salvaron la vida gracias a que llevaban el cinturón de seguridad puesto.

No así tres miembros de la tripulación que incluye a los dos pilotos, que no resistieron el impacto en la cabina. También una pequeña murió en tierra golpeada por una de las alas.

AEROPUERTO ANTIGUO DE LA PAZ.jpg
Testimonio de un soldado
Carlos (cuyo nombre real pidió que no reveláramos) era soldado del 14 Batallón de Infantería. Platica que esa mañana realizaban prácticas en los terrenos de la zona militar a unas cuadras del lugar.

«Estábamos bajo el mando del teniente coronel Moisés A. Morales; en ese tiempo el cuartel aún estaba a espaldas del Mercado Madero y donde hoy está la III Zona Militar es donde hacíamos nuestras prácticas», nos dice.

Escucharon el fuerte impacto, «todos tomamos nuestros fusiles y corrimos, pues sabíamos que algo grave había ocurrido».

Platica que ya estaban arribando los cuerpos de emergencia y los pasajeros eran bajados de la aeronave. «Acordonamos la zona, teníamos que retirar a la gente pues existía el temor de que el avión explotara, fue algo impactante».

Agrega que en realidad nunca se enteró, sino hasta después, de que todos los pasajeros habían sobrevivido. «Ver a un avión enorme en esas condiciones era algo imponente, contener la desesperación de la gente y apoyar la movilización de ambulancias y bomberos es algo que nunca olvidaré, nunca», recalca.

La aeronave
Se trataba de un Douglas DC-3A-197D con la matrícula XA-FUW. Una de las aeronaves más seguras de la época por su gran capacidad de planear ante cualquier emergencia. Había despegado con normalidad cuando a los pocos minutos reportó a la torre de control una falla mecánica en uno de los motores. El piloto solicitó permiso para retornar el cual fue autorizado de inmediato.

A 10 kilómetros al norte de la pista, intentó hacer un viraje pero ya no pudo completarlo. Cayó de «panza» en una zona despoblada, aplastó una tiendita conocida como Miscelánea «La Sorpresa» que para fortuna se encontraba cerrada y sola. Hizo un surco de casi 100 metros hasta detenerse bruscamente con la cabina en el suelo y que fue el impacto que ocasionó la muerte de los pilotos que quedaron con medio cuerpo afuera de la aeronave luego de romperse los cristales.

A unas cuadras del lugar se encuentra el Palacio de Gobierno. El primer mandatario en ese tiempo era el bien recordado Hugo Cervantes del Río.

Epílogo
Unos dicen que fue un milagro que todos los pasajeros sobrevivieran. Hugo Lara Núñez, nuestro entrevistado está de acuerdo con eso.

«También hubo héroes anónimos como el señor que llegó con un hacha y Chalito Cota que tuvo la inteligencia, fuerza y valor para empujar la puerta».

— Y tú, le pregunto.

— Yo no, era mi deber hacerlo y así lo hice. Nunca platiqué con nadie de esto, es algo que quise olvidar. A los pocos meses me renuncié a la empresa, luego de las investigaciones y que todo retornó a la normalidad… concluye.


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